6.05. El "continuo" - Interpretaciones en el despertar adventista del siglo XIX

En el despertar adventista del Viejo Mundo, en el siglo XIX, William Cuninghame, de Escocia, al escribir en 1808 observaba que el mahometismo no había suprimido el "continuo" ni había derribado el lugar del santuario de Cristo, y declaraba:

"La iglesia de Cristo es el templo o santuario y el culto de esta iglesia, el continuo sacrificio... De este templo es quitado el continuo sacrificio cuando no permanece más esta forma de palabras correctas y cuando el culto de Dios, únicamente mediante Cristo, es corrompido y oscurecido mediante una veneración supersticiosa de la Virgen María y de los santos, o mediante cualquier forma de culto a las cosas creadas. Entonces cesa el continuo sacrificio ordenado por Dios" (The Christian Observer, abril de 1808, p.211).

Sostenía que el "continuo sacrificio" de la "iglesia oriental" fue suprimido casi un siglo antes de la aparición de Mahoma -es decir, en el siglo VI-, y que la abominación de la desolación fue introducida mediante actos de los emperadores romanos cuando establecieron la autoridad espiritual del cuerno pequeño papal y la veneración idolátrica de la Virgen María y de los santos.

Pero George Stanley Faber, erudito canónigo anglicano de la catedral de Salisbury, sostenía que el mahometismo también había suprimido el "continuo sacrificio de alabanza y agradecimiento", y así había "contaminado el santuario espiritual", al engrandecerse contra Cristo.

Y el capitán Charles D. Maitiand, de la artillería real, escribía en 1814:

"El continuo sacrificio del culto espiritual fue quitado de la iglesia gentil, y la abominación desoladora establecida allí dentro, en el año 533 de nuestro Señor. A partir de este período los santos fueron entregados en las manos del poder papal, y se le dio autoridad a este poder para que se enseñoreara sobre ellos y los tiranizara durante 1.260 años" (A Brief and Connected View of Prophecy [Un panorama breve y conexo de la profecía], p. 27).

Archibald Mason, bien conocido ministro presbiteriano de Escocia, quien en 1820 estableció los años 457 a. C. y 1843 d. C. como las fechas del comienzo y la terminación de los 2300 años, declaraba que el continuo sacrificio significa "el culto instituido por Dios en la iglesia", y que "la desolación y la holladura del santuario y de la hueste significa el error, la superstición y la idolatría que se instituyeron en lugar de aquel culto" (Two Essays on Daniel's Two Thousand Three Hundred Days [Dos ensayos sobre los 2300 días de Daniel], p. 6). Añade que esto terminará con la expiración de los 2300 años, cuando "el verdadero culto de Dios será restaurado".

Además, John Bayford, uno de los patrocinadores de Joseph Wolff, escribía: "El continuo sacrificio que él [el poder que huella] ha suprimido es sin duda el Cordero de Dios, cuya sangre los mahometanos huellan bajo sus pies".

El erudito Frederick Nolan, destacado lingüista, vinculaba el "continuo sacrificio" con la "peculiar solemnidad" de las ceremonias del "Gran día de la Expiación" realizadas por el "sumo sacerdote en el lugar santísimo del templo".

Edward Bickersteth, párroco evangélico y secretario de la Sociedad Misionera de la Iglesia (Church Missionary Society), refiriéndose a las 70 semanas como cortadas o separadas para los judíos de los 2300 años, decía que llevaban "desde la restauración del continuo sacrificio hasta la consumación del perfecto sacrificio de Cristo" y el ungimiento del "Santísimo".