2.01. Comienzo del bosquejo profético de Daniel

El mismo Daniel proporciona el punto de partida, aceptado como axiomático por la larga sucesión de intérpretes, con la declaración inspirada de que el gran bosquejo profético -revelado y repetido al profeta por la Inspiración- comenzó con el Imperio Neobabilónico.

Dice: "Tú [el Imperio Babilónico, con Nabucodonosor como su gobernante] eres aquella cabeza de oro". Pero "después de ti [el Imperio Babilónico] se levantará otro reino inferior al tuyo" (Dan. 2:38-39). Después, en pasajes paralelos, Daniel señala la identidad de los imperios segundo y tercero por sus nombres específicos: el Imperio Medo-Persa y el Imperio Griego (Daniel 5: 28, 31; 6: 12, 15, 28; 8: 20-21).

De modo que, fuera de toda duda, tanto el punto de partida como los sucesos que siguen inmediatamente a la profecía coherente de Daniel, quedan establecidos por la Inspiración en un grandioso bosquejo. En esta forma el mismo Daniel se constituye en el primer expositor de su libro. A partir de ese momento, los estudiantes de la profecía habrían de comparar el cumplimiento histórico con la predicción a medida que aconteciera, para determinar el cumplimiento progresivo de las etapas que se fueran sucediendo. Y buena parte del Apocalipsis es interpretación y complemento de Daniel.

Los registros atestiguan que entre los intérpretes de Daniel se han contado muchos de los más conspicuos y respetables eruditos de los siglos.

Cada una de las principales aplicaciones de la profecía ha sido discernido, no por una sola persona, sino por una cantidad de hombres, generalmente de diferentes países, los cuales han dejado para la posteridad el registro de lo que entendieron, y esto en diferentes idiomas. Dios siempre ha tenido una cantidad de personas que han dado testimonio del desarrollo de la verdad divina.

El tiempo, junto con la perspectiva histórica que proporciona, ha permitido que los investigadores posteriores corrigieran las inexactitudes propias de las primeras exposiciones, aquejadas de limitaciones inevitables. Pero esos primeros expositores deben recibir la debida honra por esa obra inicial que hemos recibido como herencia. Y es sumamente conveniente conocer ese marco histórico y esos antecedentes.

Hace mucho tiempo se reconoció que las 70 semanas representaban "semanas" de años; pero el tiempo para la comprensión de las 2.300 tardes y mañanas y su relación con las 70 semanas estaba entonces en un futuro muy distante. Y el tiempo para que se entendieran los períodos que atañen a nuevos acontecimientosen la subsiguiente era cristiana -es decir los 1.260 días-años de la gran apostasía y su equivalente de tres tiempos (años) y medio, o 42 meses- no llegaría hasta que en realidad se hubiera desarrollado esa gran desviación de la fe cristiana, y hasta que la perversión predicha y la represión de la verdady de sus paladines, hubieran aumentado lo suficiente como para que se las discerniera con claridad. Por eso, el cuerno pequeño de Dan. 7 no fue reconocido hasta siglos después de que surgió.