1.02. Autor

La opinión tradicional tanto de judíos como de cristianos es que el libro fue escrito en el siglo VI a. C., y que Daniel fue su autor. Las evidencias en favor de esa opinión son las siguientes:

a. Lo que el mismo libro dice. El profeta Daniel habla en primera persona en muchos pasajes (cap. 8: 1-7, 13-19, 27; 9: 2-22; 10: 2-5; etc.). Afirma que recibió personalmente la orden divina de preservar el libro (cap. 12: 4). El hecho de que haya secciones en las cuales el autor se refiera a sí mismo en tercera persona (cap. 1: 6- 11, 17, 19, 21; 2: 14-20; etc.) no es extraño, ya que ese estilo es frecuente en obras antiguas.

b. El autor conoce bien historia. Solamente un hombre del siglo VI a. C., bien versado en asuntos babilónicos, podría haber escrito en cuanto a algunos de los hechos históricos que se encuentran en el libro. El conocimiento de esos hechos se perdió después del siglo VI a. C., pues no se registró en otra literatura antigua posterior. Descubrimientos arqueológicos más o menos recientes han traído estos hechos nuevamente a la luz.

c. El testimonio de Jesucristo. Jesús citó un pasaje del libro y mencionó a Daniel como su autor (Mateo 24:15). Para todo creyente cristiano este testimonio debiera ser una evidencia convincente.


El libro se divide en dos partes fáciles de distinguir. La primera (cap. 1-6) principalmente histórica, y la segunda (cap. 7-12) mayormente profético.

A pesar de esto el libro constituye una unidad literaria. Para defender tal unidad pueden presentarse los siguientes argumentos:

1. Las diferentes partes del libro están mutuamente relacionadas entre sí. Se podrá comprender el uso de los vasos del templo en el festín de Belsasar si setiene en cuenta cómo llegaron a Babilonia (cap. 5: 3; cf. cap. 1: 1-2). En el cap. 3: 12 se hace referencia a una medida administrativa de Nabucodonosor que se describe primero en el cap. 2: 49. En el cap. 9: 21 se hace referencia auna visión previa (cap. 8: 15-16).

2. La parte histórica contiene una profecía (cap. 2) estrechamente relacionada con el tema de las profecías que se encuentran en la última parte del libro (cap. 7-12). El cap. 7 amplía el tema tratado en el cap. 2. Hay también una relación evidente entre elementos históricos y proféticos.

La sección histórica (cap. 1-6) constituye una narración del trato de Dios con una nación, Babilonia, y el papel de ésta en el plan divino. Este relato tiene el propósito de ilustrar la forma en que Dios trata a todas las naciones.

A semejanza de lo que ocurrió con Babilonia, cada uno de los imperios mundiales sucesivos que se describen gráficamente en la porción profética del libro, recibió una oportunidad de conocer la voluntad divina y de cooperar con ella, y cada uno habría de ser medido por la fidelidad con que cumplió el propósito divino.

De esta manera el surgimiento y la caída de las naciones representadas en la parte profética deben comprenderse dentro del marco de los principios expuestos en la parte histórica, vistos en acción en el caso de Babilonia. Este hecho convierte a las dos secciones del libro en una unidad e ilumina el papel desempeñado por cada uno de los imperios mundiales.

La unidad literaria del libro -demostrada en la composición del mismo, en la línea general de pensamiento y por las expresiones usadas en los dos idiomas es generalmente reconocida. Los argumentos usados en favor de la teoría de los dos autores no tienen el menor fundamento.

En la cueva 1 de Qumran había tres fragmentos del libro de Daniel, los cuales fueron publicados por D. Barthélemy y J. T. Milik, en Discoveries in the Judaean Desert I: Qumran Cave I (Descubrimientos en el desierto de Judea I: caverna I de Qumran), (Oxford, 1955), pp. 150-152. Los fragmentos provienen de dos rollos o de uno solo, en los cuales los cap. 1 y 2 fueron escritos por un escriba y el cap. 3 por otro; tenían partes de los caps. 1: 10- 1 7; 2: 2-6; 3: 22-30.

Una comparación de este texto con el texto masorético muestra 16 variantes, ninguna de las cuales afecta el significado del pasaje. Nueve de estas 16 variantes son variaciones ortográficas que sólo afectan una letra: dos de ellas parecen ser errores de ortografía; las otras siete se escriben también de varias maneras en el texto masorético. Se encuentran cuatro adiciones: una, la conjunción "y", y una de la partícula "que" delante de "si"; dos palabras tienen una vocal agregada. En un caso, una vocal que aparece en el texto masorético no está en los fragmentos. Dos terminaciones verbales parecen ser error de los escribas. La lista muestra que las diferencias son tan insignificantes que no se notarían en una traducción. Este es un poderoso argumento para sostener que el texto hebreo de Daniel está ahora esencialmente en la misma forma en que estaba por lo menos en el tiempo de Cristo.

También resulta interesante el hecho de que el cap. 2 incluye el pasaje en el cual ocurre el cambio del hebreo al arameo (vers. 4). En ese punto hay un espacio en blanco entre la última palabra en hebreo y la primera en arameo, lo que hace una distinción clara entre las secciones de los dos idiomas. Es también digno de notar que, al igual que el texto masorético, estos fragmentos no contienen el canto apócrifo de los tres jóvenes.

La cueva 4 de Qumran ha producido fragmentos de cuero de tres manuscritos de Daniel, los cuales, según se ha informado, están en buen estado de conservación y representan porciones considerables del libro.*

De la cueva 6 de Qumran proceden varios fragmentos de papiros de Daniel, los que representan los cap. 8: 20-21; 10: 8-16; y 11: 33-38 (contienen nueve variaciones ortográficas menores). Fueron publicados por M. Baillet en Discoveries in the Judaean Desert III: Les Petites rottes de Qumran (Descubrimientos en el desierto de Judea III: las pequeñas cuevas de Qumran),(Oxford, 1962), pp. 114-116.
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* F. M. Cross, en Biblical Archaeologist, 19 (1956), 85-86; en Revue Biblique, 63 (1956), p. 58.